BIM geotécnico: aplicación de los principios BIM al subsuelo
Marco Hernandez
Autor: Ing. Marco Hernández
Introducción
La industria de la construcción ha sido, durante décadas, una de las menos digitalizadas de la economía. Mientras sectores como la manufactura, la banca o la logística transformaban sus procesos con tecnologías de información, la construcción siguió dependiendo en gran medida de planos en papel, hojas de cálculo aisladas y la comunicación informal entre equipos. El resultado es conocido por cualquiera que haya trabajado en obra: sobrecostos, retrasos, cambios de última hora, información que se pierde entre una fase y otra y decisiones tomadas con datos incompletos.
BIM (Building Information Modelling) surge como respuesta a esa realidad. En los últimos años ha pasado de ser una tendencia a convertirse en requisito de contratación pública en numerosos países, y su adopción avanza también en América Latina. Sin embargo, en muchos proyectos BIM sigue concibiéndose como algo que empieza en la superficie del terreno hacia arriba. La geología, la hidrogeología y la geotecnia, que determinan buena parte del riesgo de cualquier obra, quedan con frecuencia fuera del modelo.
Este artículo recorre qué es BIM, cuáles son sus pasos básicos y su dominio, qué significa para las obras de infraestructura civil y cómo su aplicación está cambiando los paradigmas constructivos. Con esa base, se analiza por qué el subsuelo debe formar parte del modelo, cómo se construye un modelo BIM geotécnico, dónde se está aplicando y cuál es el papel que nos corresponde a los geólogos y geotécnicos en este proceso.
¿Qué es BIM?
BIM es un conjunto de metodologías basadas en el uso compartido de modelos digitales que representan las características físicas y funcionales de edificios y obras de ingeniería civil. Conviene subrayarlo desde el principio: BIM es una forma de trabajar, no un software concreto. Existen muchas herramientas que permiten producir y consultar modelos BIM, pero ninguna de ellas es, por sí sola, BIM.
La idea no es nueva. Ya en la década de 1970, Charles Eastman planteaba la posibilidad de describir edificios mediante bases de datos de elementos en lugar de dibujos. El término BIM se popularizó a comienzos de la década de 2000, cuando la capacidad de cómputo y el software de modelado paramétrico hicieron viable llevar la idea a la práctica profesional.
La diferencia fundamental con el dibujo asistido por computadora tradicional es que en BIM no se dibujan líneas, sino que se modelan objetos. Un muro no es un par de líneas paralelas en un plano, sino un elemento que sabe que es un muro, de qué material está hecho, qué espesor tiene, qué resistencia al fuego ofrece, cuánto cuesta y en qué fase de la obra se construye. Los planos, las mediciones y los listados de materiales dejan de ser documentos independientes y pasan a ser vistas generadas a partir de un mismo modelo. Si el modelo cambia, todas las vistas cambian con él.
BIM da sentido a la gran cantidad de información que se genera en un proyecto, organizándola de manera que pueda analizarse, compartirse y actualizarse. Facilita el intercambio de información en entornos multidisciplinarios y permite gestionar y tomar decisiones de forma colaborativa durante todo el ciclo de vida del activo, desde la concepción inicial hasta la operación, la rehabilitación o la demolición.
Dentro de este enfoque, el concepto de openBIM tiene especial relevancia. Se refiere al uso de estándares abiertos, principalmente IFC (Industry Foundation Classes), desarrollado por buildingSMART y recogido en la norma ISO 16739, para que la información pueda intercambiarse entre programas de distintos fabricantes sin quedar atrapada en formatos propietarios. En proyectos donde participan decenas de empresas, cada una con sus propias herramientas, la interoperabilidad no es un lujo sino una condición de funcionamiento.
Marco normativo y adopción
La consolidación de BIM ha venido acompañada de un marco normativo cada vez más maduro. La referencia internacional es la serie ISO 19650, publicada a partir de 2018, que establece los principios para la gestión de la información a lo largo del ciclo de vida de los activos construidos. Esta norma deriva en buena medida de la experiencia del Reino Unido, que desde 2016 exige BIM en los proyectos públicos contratados por el gobierno central.
Para describir el grado de adopción se suelen emplear niveles de madurez. En el nivel 0, la información se intercambia en planos y documentos sin estructura. En el nivel 1 se usan modelos digitales, pero cada disciplina trabaja de forma aislada. En el nivel 2, cada disciplina produce su propio modelo, pero estos se comparten y coordinan en un entorno común bajo reglas acordadas. El nivel 3 apunta a un modelo único, integrado y accesible en tiempo real por todos los participantes.
En América Latina, varios países han desarrollado estrategias nacionales. Chile impulsó el programa Planbim para incorporar gradualmente BIM en la obra pública. Perú aprobó su Plan BIM en 2019, y Colombia formuló una Estrategia Nacional BIM con horizonte a 2026. A esto se suma la Red BIM de Gobiernos Latinoamericanos, que busca armonizar criterios en la región. La tendencia es clara: más temprano que tarde, trabajar en BIM será una condición para participar en proyectos de infraestructura pública.
Los pasos básicos de un proyecto BIM
Aunque cada proyecto tiene sus particularidades, el flujo de trabajo BIM sigue una secuencia de pasos que conviene conocer, porque en cada uno de ellos la información geológica y geotécnica tiene un lugar.
1. Definir los requisitos de información
Todo comienza por la pregunta de qué información se necesita, para qué y cuándo. Bajo ISO 19650, el cliente o propietario define sus requisitos de información a distintos niveles: los de la organización, los del activo que va a operar, los del proyecto y los que exigirá a quienes contrate. Este paso, que suele subestimarse, es el que da sentido a todo lo demás. Un modelo lleno de información que nadie necesita es tan inútil como uno vacío.
2. Elaborar el Plan de Ejecución BIM
A partir de esos requisitos, los equipos acuerdan un Plan de Ejecución BIM (BEP, por sus siglas en inglés). Este documento establece quién produce cada modelo, con qué nivel de detalle, en qué formato, con qué nomenclatura, con qué frecuencia se comparte y cómo se revisa. Es, en la práctica, el contrato de colaboración entre las partes en lo que respecta a la información.
3. Implementar el Entorno Común de Datos
La información se gestiona en un Entorno Común de Datos (CDE, por sus siglas en inglés), un repositorio único donde se almacenan los modelos y documentos con su historial de versiones. ISO 19650 organiza el CDE en estados: la información en curso, que cada equipo trabaja internamente; la información compartida, que se pone a disposición de los demás para coordinación; la información publicada, aprobada para su uso en diseño o construcción; y la información archivada, que conserva el registro histórico. Este esquema garantiza que todos trabajen sobre la versión vigente y que exista trazabilidad de cada decisión.
4. Modelar por disciplinas
Cada especialidad construye su modelo: arquitectura, estructuras, instalaciones, vialidad, drenaje y, idealmente, geología y geotecnia. Los modelos contienen geometría, pero sobre todo contienen atributos: materiales, propiedades, códigos de partida, responsables, estados. El nivel de detalle de cada elemento se ajusta a lo establecido en el plan de ejecución para cada fase del proyecto.
5. Federar y coordinar
Los modelos de las distintas disciplinas se combinan en un modelo federado. Sobre él se realiza la coordinación, cuyo ejemplo más conocido es la detección de interferencias: una tubería que atraviesa una viga, un pilote que choca con una galería existente, una excavación que invade la zona de influencia de una estructura vecina. Resolver estos conflictos en el modelo cuesta una fracción de lo que cuesta resolverlos en obra.
6. Analizar y simular
El modelo coordinado sirve de base para análisis de todo tipo: cálculo estructural, simulación de la secuencia constructiva, estimación de cantidades y costos, estudios de iluminación, eficiencia energética o evacuación. En infraestructura, se suman análisis de trazado, movimiento de tierras, drenaje y, por supuesto, interacción suelo-estructura.
7. Documentar y construir
De los modelos se extraen los planos, las mediciones y las especificaciones. Durante la construcción, el modelo se convierte en herramienta de control: se compara lo planificado con lo ejecutado, se registran las no conformidades y se incorpora la información real de obra. En este paso, la retroalimentación desde el campo resulta fundamental.
8. Entregar y operar
Al finalizar, se entrega un modelo que refleja lo realmente construido, el as-built. ISO 19650 distingue entre el modelo de información del proyecto, que se desarrolla durante el diseño y la construcción, y el modelo de información del activo, que el propietario utiliza durante la operación. Este último es el que acompañará a la obra durante décadas, y su calidad depende de cómo se haya gestionado la información en todos los pasos anteriores.
El dominio de BIM
BIM va mucho más allá de la representación tridimensional. Su dominio suele describirse en dimensiones que se suman al modelo geométrico. La 3D corresponde a la geometría y los atributos de los objetos. La 4D incorpora el tiempo, vinculando los elementos del modelo con el cronograma para simular la secuencia constructiva. La 5D añade los costos, permitiendo obtener presupuestos directamente del modelo y evaluar el impacto económico de cada cambio de diseño. La 6D se asocia con la sostenibilidad y el desempeño energético, y la 7D con la operación y el mantenimiento del activo. La numeración de las dimensiones superiores varía según la fuente, pero la idea de fondo es constante: el modelo acumula capas de información que acompañan al activo durante toda su vida útil.
Otro aspecto del dominio de BIM es el nivel de desarrollo de los elementos, conocido como LOD. La escala más difundida va desde el LOD 100, en el que un elemento está representado de forma conceptual, hasta el LOD 500, que corresponde a un elemento verificado en obra. Entre ambos extremos se encuentran los niveles de diseño esquemático, desarrollo, detalle constructivo y coordinación para fabricación. Más recientemente, la norma europea EN 17412-1 introdujo el concepto de nivel de necesidad de información (LOIN), que enfatiza que el detalle requerido debe definirse en función del propósito y no como un valor absoluto: no se trata de modelar todo con el máximo detalle, sino de modelar lo necesario para la decisión que hay que tomar.
Esta idea es especialmente pertinente para la geotecnia. El nivel de conocimiento del subsuelo evoluciona a lo largo del proyecto, desde el reconocimiento geológico preliminar hasta las investigaciones de detalle y la verificación en obra. Un modelo geotécnico con LOD o LOIN bien definidos permite a todos los participantes saber qué grado de confianza pueden depositar en la información del terreno en cada etapa.
BIM en la infraestructura civil
BIM nació en el mundo de la edificación, y durante años la mayor parte de su desarrollo se concentró allí. Sin embargo, las obras de infraestructura civil tienen características que hacen que BIM sea, si cabe, aún más valioso.
En primer lugar, son obras lineales o de gran extensión. Una carretera, un ferrocarril o un acueducto se desarrollan a lo largo de decenas o cientos de kilómetros, atravesando condiciones topográficas, geológicas y ambientales muy variadas. Esto obliga a trabajar con referencias geográficas precisas y con alineamientos como elemento estructurador del modelo, algo muy distinto del sistema de niveles y ejes de un edificio.
En segundo lugar, están íntimamente ligadas al territorio. Por eso el BIM de infraestructura se cruza inevitablemente con los Sistemas de Información Geográfica. El modelo de la obra debe convivir con la topografía, la hidrografía, la geología, la cobertura vegetal, las propiedades, las redes de servicios existentes y las restricciones ambientales. La integración entre BIM y SIG, que durante años fueron mundos separados con formatos y culturas distintas, es hoy uno de los frentes más activos de desarrollo.
En tercer lugar, son activos de larga vida. Un puente o un túnel se diseña para operar durante cincuenta, cien o más años. Para el propietario de una infraestructura, sea un ministerio, una concesionaria o una empresa de servicios, BIM significa disponer de un inventario digital del activo que respalda las decisiones de inspección, mantenimiento, rehabilitación y ampliación durante toda su vida útil. El valor de la información no termina con la entrega de la obra: apenas empieza.
Reconociendo estas particularidades, buildingSMART desarrolló IFC 4.3, la versión del estándar orientada a infraestructura, que incorpora alineamientos, carreteras, ferrocarriles, puentes y obras portuarias y fluviales, y que se encuentra en proceso de estandarización ISO. Este paso es fundamental, porque hasta ahora la infraestructura dependía en gran medida de formatos propietarios o de adaptaciones forzadas de esquemas pensados para edificios.
Cómo BIM cambia los paradigmas constructivos
La adopción de BIM no es simplemente la sustitución de una herramienta por otra. Implica un cambio profundo en la manera de proyectar, contratar, construir y operar.
Del proceso secuencial a la colaboración concurrente
Tradicionalmente, el proyecto avanza como una carrera de relevos: el arquitecto o el proyectista define la concepción, el calculista dimensiona, el especialista en instalaciones acomoda sus redes, el constructor interpreta los planos y resuelve lo que no encaja. Cada disciplina recibe el trabajo de la anterior y entrega el suyo a la siguiente, a menudo sin posibilidad real de influir en decisiones ya tomadas. BIM propone un trabajo concurrente, en el que todas las disciplinas participan desde las etapas tempranas y los conflictos se detectan cuando todavía es fácil resolverlos.
Del documento al dato
En el paradigma tradicional, el entregable principal es el plano, y la información está dispersa en documentos que deben leerse e interpretarse. En BIM, el entregable principal es el modelo con datos estructurados, y los planos son solo una de sus vistas. Esto cambia la naturaleza misma de la información: deja de ser algo que se lee para convertirse en algo que se consulta, se filtra, se analiza y se reutiliza.
Del esfuerzo en obra al esfuerzo en diseño
Patrick MacLeamy popularizó una curva que ilustra este cambio. La capacidad de influir en el costo y el desempeño de un proyecto es máxima al principio y disminuye con el tiempo, mientras que el costo de introducir cambios crece a medida que el proyecto avanza. El proceso tradicional concentra el esfuerzo en la documentación de detalle y en la obra, cuando los cambios son caros. BIM desplaza el esfuerzo hacia las fases tempranas, cuando cambiar una decisión cuesta poco. En la práctica, esto significa construir la obra dos veces: primero de forma virtual, donde los errores son baratos, y luego de forma física.
Del proyecto al activo
El paradigma tradicional considera que el trabajo termina con la entrega de la obra. BIM desplaza el foco hacia el activo, que debe gestionarse durante décadas. Esto abre la puerta al concepto de gemelo digital: un modelo que se mantiene actualizado con información de operación, incluyendo datos de sensores e inspecciones, y que permite anticipar necesidades de mantenimiento y evaluar intervenciones antes de ejecutarlas.
De la información fragmentada a la fuente única
Finalmente, BIM impulsa la idea de una fuente única de verdad. En lugar de múltiples versiones de un mismo plano circulando por correo electrónico, existe un entorno común donde se sabe cuál es la versión vigente, quién la aprobó y cuándo. Esta transparencia tiene efectos que van más allá de lo técnico: modifica la forma de contratar, favorece modelos colaborativos de entrega de proyectos y reduce los conflictos derivados de información contradictoria.
El subsuelo, el gran ausente
Si BIM promete reducir costos reduciendo el riesgo desde las fases tempranas, resulta paradójico que tantos modelos ignoren el terreno. Toda obra de infraestructura se asienta sobre la superficie terrestre o la atraviesa, y las condiciones del terreno están entre las causas más frecuentes de sobrecostos y retrasos en la construcción. Un estrato blando no detectado, un nivel freático más alto de lo previsto, una falla que cruza el trazado o una cavidad kárstica pueden alterar por completo el diseño, el cronograma y el presupuesto.
¿Por qué, entonces, el subsuelo suele quedar fuera? Hay varias razones. La primera es cultural: la geotecnia se ha entregado históricamente como un informe, un documento con perfiles, tablas y recomendaciones que se adjunta al proyecto, pero que no se integra en sus flujos de trabajo. La segunda es técnica: el software BIM está pensado para representar objetos con geometría definida, mientras que el terreno es continuo, heterogéneo y solo se conoce en los puntos donde se investiga. La tercera tiene que ver con la naturaleza de la información geológica: entre dos sondeos, lo que se representa es una interpretación, y esa interpretación lleva asociada una incertidumbre que los modelos de estructuras no necesitan manejar.
Estas dificultades son reales, pero no justifican la omisión. Al contrario: precisamente porque el terreno es incierto, es necesario que su representación, con sus límites de confianza, esté disponible para todos los que toman decisiones. Un modelo que presenta el subsuelo como algo perfectamente conocido es peligroso; uno que lo omite, también.
Además, las investigaciones geotécnicas se planifican a partir del diseño básico del proyecto, pero el diseño evoluciona a medida que la información del subsuelo revela condiciones particulares que obligan a realizar cambios. Esta relación de ida y vuelta entre diseño e investigación es exactamente el tipo de proceso iterativo y colaborativo que BIM está diseñado para gestionar.
Cómo se construye un modelo BIM geotécnico
Un modelo BIM geotécnico no es una única entidad, sino un conjunto de componentes relacionados que conviene distinguir.
Los datos factuales
La base del modelo son los datos observados: sondeos, calicatas, ensayos de penetración, ensayos de laboratorio, perfiles geofísicos, piezómetros, cartografía geológica de superficie. Estos datos tienen ubicación, profundidad, fecha y procedencia conocidas, y deben conservarse tal como fueron obtenidos. Son la evidencia sobre la que se construye todo lo demás, y su trazabilidad es esencial.
El modelo geológico
A partir de los datos factuales, el geólogo construye un modelo interpretativo que describe la distribución espacial de las unidades litológicas, las estructuras, las discontinuidades y la historia geológica que las explica. Este modelo es una hipótesis fundamentada, no una certeza, y debe comunicar dónde está bien respaldado por datos y dónde es más especulativo.
El modelo geotécnico de diseño
El modelo geológico se traduce en un modelo geotécnico, en el que el terreno se divide en unidades de comportamiento homogéneo a las que se asignan parámetros de diseño: resistencia, deformabilidad, permeabilidad. Es este modelo el que utilizan los ingenieros para dimensionar fundaciones, contenciones o sostenimientos. La práctica geotécnica distingue cada vez con más claridad entre el modelo del terreno y el modelo de diseño, precisamente para no confundir la interpretación geológica con las hipótesis de cálculo.
El modelo hidrogeológico
Las condiciones del agua subterránea merecen su propio tratamiento: niveles freáticos, acuíferos, presiones intersticiales y su variación en el tiempo. Su influencia en excavaciones, estabilidad de taludes y durabilidad de las estructuras es tal que ignorarlas equivale a ignorar una parte fundamental del comportamiento del terreno.
Lo que aporta al proyecto
Integrados en el entorno BIM, estos componentes transforman la manera en que el proyecto utiliza la información del subsuelo. Los datos geotécnicos alimentan directamente el diseño de fundaciones, estructuras de contención, sistemas de achique y demás obras temporales o definitivas. La visualización tridimensional del terreno con sus propiedades permite generar secciones en cualquier dirección de forma rápida y económica, y examinar problemas potenciales desde múltiples ángulos.
Las anomalías también se vuelven comprensibles para profesionales no geotécnicos, incluido el cliente y otras partes interesadas, que pueden ver cómo las condiciones del terreno podrían afectar al proyecto. Arquitectos e ingenieros estructurales obtienen una herramienta práctica para entender el entorno en el que se inserta su obra.
En la fase de construcción, disponer del modelo geotécnico en el sitio de obra permite al equipo de campo contrastar lo previsto con lo encontrado, validar la información y retroalimentar al equipo de diseño. Cada excavación, cada pilote y cada frente de avance se convierte en una nueva fuente de datos que mejora el modelo.
Dónde se está aplicando
Túneles
La construcción de túneles es una de las áreas donde la integración de la geología en BIM está aportando más valor. Es uno de los tipos de obra más complejos, y el modelo geológico-geotécnico condiciona su diseño, su construcción y su operación.
El flujo de información en un túnel es intenso y continuo. Desde el levantamiento geológico y la caracterización del macizo rocoso mediante clasificaciones como RMR o Q, pasando por el diseño del sostenimiento primario, hasta el registro sistemático de cada frente de excavación, la sobreexcavación, las filtraciones, las convergencias y los asentamientos en superficie. En túneles excavados con tuneladora se suman los datos de la propia máquina: empuje, par, presión en el frente, consumo de materiales. Toda esta información, gestionada en un entorno BIM, permite ajustar el diseño en tiempo real, documentar lo ejecutado y construir una base de conocimiento que será valiosa durante la operación y para futuros proyectos en contextos geológicos similares.
Ferrocarriles y carreteras
En los proyectos ferroviarios y viales, el modelo geológico interviene desde la selección del trazado. La información de la prospección, combinada con los parámetros de suelo y roca, las condiciones de los acuíferos, la hidrografía, la vegetación, los modelos digitales del terreno y el inventario de obras existentes, permite comparar alternativas y elegir la ruta que minimiza riesgos y costos.
Una vez definido el trazado, esta información se consume a lo largo de todo el proyecto: en el diseño de terraplenes y desmontes, la estabilidad de taludes, el balance de movimiento de tierras, las fundaciones de puentes y viaductos, y las obras de drenaje. Un repositorio centralizado pone esa información al servicio de cada estructura a lo largo de la línea, evitando que cada equipo trabaje con su propia versión del terreno.
Otras aplicaciones
La integración del subsuelo en BIM se extiende a presas, donde el modelo de la fundación y de las condiciones de filtración es crítico; a obras portuarias, con sus particulares condiciones de sedimentos y cimentación; y a proyectos urbanos con excavaciones profundas, donde el modelo del terreno debe coordinarse con las estructuras vecinas, las redes de servicios y la infraestructura subterránea existente. En todos los casos, el principio es el mismo: el terreno es parte de la obra y debe estar en el modelo.
Interoperabilidad: el lenguaje común
Para que la información geotécnica fluya entre los distintos programas y equipos de un proyecto, es imprescindible contar con formatos de intercambio estandarizados. Sin ellos, cada transferencia implica conversiones manuales, pérdida de información y errores.
El formato AGS, desarrollado en el Reino Unido por la Association of Geotechnical and Geoenvironmental Specialists a principios de la década de 1990, es el estándar más consolidado para el intercambio de datos geotécnicos factuales. Define una estructura común para describir sondeos, muestras, ensayos in situ y de laboratorio, lo que permite que los datos pasen del contratista de investigación al consultor de diseño, y de este a la base de datos del propietario, sin reprocesamiento. En Estados Unidos se ha desarrollado un esfuerzo similar con DIGGS, basado en tecnologías de información geográfica.
La novedad más relevante es la incorporación de la geotecnia en IFC 4.3. Por primera vez, el estándar abierto de BIM incluye entidades específicas para representar sondeos, estratos geotécnicos y modelos geológicos. Esto significa que el terreno puede formar parte del modelo federado con el mismo estatus que cualquier otra disciplina, y no como un anexo externo.
Para los profesionales de la geotecnia, conocer estos formatos ya no es opcional. Es la condición para que nuestro trabajo llegue efectivamente al modelo y no quede encerrado en un informe que pocos leen completo.
Los desafíos pendientes
La integración del subsuelo en BIM enfrenta obstáculos que no deben minimizarse. El primero es la representación de la incertidumbre: los estándares y las herramientas todavía están aprendiendo a comunicar de forma clara la diferencia entre lo observado y lo interpretado, y el grado de confianza de cada parte del modelo.
El segundo es la información heredada. Muchos proyectos se desarrollan en zonas donde existen investigaciones previas en informes en papel o en formatos digitales no estructurados. Recuperar, digitalizar y validar esa información requiere un esfuerzo que rara vez se presupuesta, pero que puede ahorrar investigaciones redundantes.
El tercero es la formación. Geólogos y geotécnicos necesitan desarrollar competencias en gestión de datos, modelado tridimensional y estándares de intercambio, y los equipos de BIM necesitan comprender la naturaleza particular de la información geológica. Este encuentro entre culturas profesionales es quizás el desafío más importante.
Finalmente, está la cuestión contractual. Si el modelo geotécnico forma parte del modelo federado, es necesario definir con claridad las responsabilidades sobre la información interpretativa y el uso que otros hacen de ella.
El papel del geólogo
El modelo será tan bueno como los datos que lo alimentan. La información geológica es un insumo fundamental en todo el proyecto, y su calidad afecta directamente al diseño. Por eso una prospección bien planificada y ejecutada es la primera y más importante contribución que podemos hacer para reducir el riesgo y la incertidumbre.
A ello se suma la automatización de la captura de información en campo. Registrar los datos de forma digital y estructurada desde el origen, en lugar de transcribirlos posteriormente desde libretas y planillas, permite disponer de información precisa en tiempo real, detectar inconsistencias a tiempo y evitar errores de transcripción que se propagan por todo el proyecto.
Como geólogos, nuestra responsabilidad es mantener la calidad de la información, comunicar con honestidad su grado de incertidumbre y contribuir activamente a que esa información forme parte del modelo BIM. Esto exige conocer los formatos de intercambio, participar en la definición de los requisitos de información y en los planes de ejecución BIM, y asumir un papel activo en los equipos de coordinación.
Conclusión
BIM representa un hito en la transformación digital del sector de la construcción. Sus pasos, desde la definición de requisitos de información hasta la gestión del activo en operación, y su dominio, que abarca el tiempo, el costo, la sostenibilidad y el mantenimiento, lo convierten en mucho más que una herramienta de modelado. Para la infraestructura civil, con su escala territorial y su larga vida útil, BIM ofrece la posibilidad de gestionar la información de manera coherente durante décadas. Y su adopción está cambiando los paradigmas de la construcción: del proceso secuencial a la colaboración, del documento al dato, de la obra al diseño, del proyecto al activo.
En este nuevo escenario, el subsuelo no puede seguir siendo el gran ausente. Las ventajas de integrar la geología y la geotecnia en BIM superan con creces las dificultades de su implementación. Es momento de que los equipos geológicos y geotécnicos se incorporen de lleno a esta transformación, aportando lo que mejor sabemos hacer: comprender el terreno sobre el que se construye todo lo demás.